martes, 26 de marzo de 2013

Os lo merecéis



Leo mis propios post y me entristezco... 

No creo que sea justo quedarme, quedarnos ahí... En el dolor.

Empiezo a resurgir, a volver a respirar sin boquear, como los peces al saltar a la orilla y no sé lo que durará pero quiero compartir con vosotros algo más que sombras...

Os lo merecéis.

Quiero hablaros de viajes, de libros, de redes sociales si hace falta pero volver a escribir sin las "negritas" obligadas.

Así que... ¿por qué no? Vamos a intentarlo... Espero que me acompañéis.



lunes, 20 de febrero de 2012

Desencuentro

... con mis tiroides, con mi cuello, con mi alma, conmigo misma...

Ya ha pasado. Sí. Y duele. Y es feo. Y ni siquiera puedo decirlo alto y claro, no puedo gritar, no puedo explicarme...

No tengo voz... eso sí, tengo un nueva "arruga" de oreja a oreja y, sí, aunque parezca increíble, tengo un dolor mucho peor...

Me duele el alma. Me duele no entender a los que siempre entendí, no saber cómo mirarles a los ojos, cómo sentir lo único que deberían hacerme sentir, lo de siempre, lo que nos unió hasta hace poco.

Algo se ha roto y no sólo ha sido mi cuerpo... Desencuentro... No uno, ni dos... Y eso, duele más que la herida y eso no sé si cicatrizará.

Es curioso... como si no tuviera ya bastante con mi propia travesía...

jueves, 19 de enero de 2012

Más cornadas da la vida

No sé cuál será el torero con más cornadas en la historia; nunca me ha interesado el mundo del toro. Lo que sí sé es que voy camino de quitarle el "honor".

Pensé en cerrar este blog. Como véis, hace tiempo que no escribía. Me daba mal fario hacerlo.

Nació por una razón y volver a él me hacía recordar y temer.

Por desgracia no lo hice... o por suerte... es difícil explicar de viva voz lo que pienso, lo que siento.... es difícil encontrar las palabras mientras los ojos de quien te escucha se llenan de lágrimas, de rabia, de tristeza.

Vuelvo a enfrentarme a mi peor temor. Y, así, sí tiene sentido que vuelva a este rincón.

No tengo fecha aún pero es algo que no va a tardar. Y yo ya no dejo de pensar en ello. Estoy asustada, enfadada, cansada.... y lo peor es que no encuentro más forma de desahogarme que llorando (con lo creativa que se supone es la tristeza).

Miguel dice: "Si te lo tienen que hacer, cuanto antes, mejor"... y ese es el problema que YO NO QUIERO QUE ME LO HAGAN.

He descubierto además una sensación extraña, nueva completamente: me veo desde fuera. Me veo, desde lejos, como si fuera otra persona. Me veo y me doy mucha pena.

No sé cómo enfrentarme a ello. Las fuerzas son nulas y ese ánimo que todos ven en mi, ese valor que todos me achacáis, como al torero en la plaza, se ha ido, hace tiempo, lejos, mucho, muy...

domingo, 20 de noviembre de 2011

20N...nada cambia

Tal vez tanto reflexionar en cómo no tirar mi voto a la cuneta, en cómo no perder mi indignación entre las urnas y las papeletas... me ha hecho pensar en cómo no tirar mi vida a la misma...

Hace ya demasiados meses que siento, entiendo, vivo y actúo como si no estuviera enferma. Los médicos me dan la razón, de momento, y mi entorno me empuja a ello.

Parece olvidado todo el horror, ya no hay llamadas, ya no noto que sea especial, ni que esté especialmente presente para nadie....

Vamos, chica... despierta... sigue adelante, olvida, retoma las riendas....

Y eso estoy intentando....

Pero, ¿cómo lograrlo cuándo ya no eres la misma de antes? ¿cómo lograr borrar el miedo de tu día a día cuando nadie recuerda, pese a sus ánimos, cómo vivías, reías, sentías, trabajabas y soñabas antes?

No tengo trabajo... lógicamente, la llegada de mi enfermedad lo borró y, pese a mi "alta médica", nadie me lo va a volver a ofrecer tan fácilmente.

Lo he intentando... He mandado curriculums, he preguntado, ofrecido, propuesto, imaginado. Pero, ¿cómo explicas por qué llevas un año sin trabajar sin que se asuste nadie? ¿Cómo llenas ese vacio sin que el miedo que tu misma tienes, pegado a tu piel, impregnándolo todo y a todos, se contagie?

No sé qué pasará esta noche, cuando cierren las urnas, cuando las riendas de este país esten en manos de unos u otros (unos u otros... desgraciadamente, estas son las opciones... las únicas).... pero sí sé que poco o nada cambiará... Como en mi vida... como en mi miedo.... como en esta sociedad en la que si ser parada ya es un estigma, serlo enferma, aunque solo sea de miedo, es una condena.

lunes, 11 de julio de 2011

Puertas que se cierran antes de lo previsto



Los hospitales huelen mal. No sé si es exactamente mal pero sí raro, tienen un olor empalagoso, ácido, que te abofetea nada más traspasar la puerta y que impregna todo y a todos.



Huele a enfermedad, a dolor, a cuerpos convulsos, que luchan contra el deterioro, a carne que supura virus, infecciones, sangre, sudor... y, cómo no, lágrimas.



Es el olor de la desesperación, de la desesperanza, de las noticias que no llegan y que, cuando lo hacen, rompen, desgarran.



Es el aroma de los sueños que se paralizan, de los planes que se quiebran, de las puertas que, de repente, pueden estar a punto de cerrarse... siempre, antes de tiempo.


Eso sí, de vez en cuando, como un halo de esperanza, alguien sonríe, sentado en su camilla, al salir de la consulta, al recoger unos resultados. Sonríe, una sonrisa que reflejan sus contenidas lágrimas... Y ahí, sin más, de repente, el mal olor ha desaparecido y tan sólo consigo oler el mar, mi mar...


domingo, 1 de mayo de 2011

No quiero





No quiero.... Ya no es que no pueda, que no tenga fuerzas, que no sepa cómo... Simple y llanamente es que no quiero.

No quiero tener otro cáncer.



No quiero volver a operarme.



No quiero quedarme sin un pecho.


No quiero descubrir la radioterapia.



No quiero seguir marcando mi vida por mis citas en el hospital.


No quiero, por nada del mundo, seguir teniendo miedo....


No quiero ver a los míos sufrir, preocuparse, llorar...

Pero ya véis.... siempre suele estar tan lejos lo que uno quiere y lo que tiene....

domingo, 17 de abril de 2011

“Por el placer de volver a verla”, una, dos, tres….mil veces

Esta vez os sorprendo con una critica teatral... una recomendación, un momento que me hizo soñar, me quitó el miedo, me hizo añorar a mi padre, a mi madre y quererlos más si cabe....Aquí va...

La magia del teatro vuelve a hacerse realidad en el escenario del madrileño Teatro Amaya gracias a Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza; un placer su trabajo, su sensibilidad y un placer volver a verlos. El amor de madre (Nana), la admiración del hijo (Miguel) y su relación, desde la infancia hasta la muerte.

Ese es el discurso narrativo de “Por el placer de volver a verla”, un camino salpicado de sentimientos universales, sensaciones cotidianas, encuentros y desencuentros, la pérdida, la memoria, la pena, la alegría…. Todo esto y (por suerte) mucho más es lo que nos ofrece esta expresión máxima de la genialidad del teatro, un regalo mágico gracias a tres inmensurables: Miguel Ángel Solá (el hijo), Blanca Oteyza (la madre) y Manuel González Gil, el director.

Una puesta en escena sin adornos (seis cubos que operarios convierten, allí mismo sobre el escenario, en un tren, una azotea o un salón… y un ciclorama que maneja el color de las emociones que durante casi dos horas invaden y seducen al espectador); un texto de Michel Tremblay y un único mensaje: el amor, tal vez la única razón que nos permite volver a quien ya no está, sentirlo, abrazarlo, hablarle, susurrarle, demostrarle cuánto nos duele su ausencia.

Una obra en la que volvemos a disfrutar de la ya sabida maestría de Miguel Ángel Solá pero en la que, más que nunca, descubrimos a una Blanca Oteyza soberbia, grande. Y una ocasión más de contemplar su complicidad, la que les une en el día a día y la que les ha permitido, con su anterior obra, “El diario de Adán y Eva” robar el corazón a espectadores de aquí y de allá durante diez años. Ahora, este nuevo regalo: “Por el placer de volver a verla” nos da el placer de volver a verlos a los dos.